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| Photos courtesy of motogp.com |
Vamos con Marc Márquez. Estamos justo a punto de iniciar la
temporada 2026, hoy han acabado los test de Burinam. Tiene 33 años, 9 títulos Mundiales y está cosido y recosido por
las lesiones. Vamos a obviar la grande, la del brazo; vamos a obviar la
latente, la diplopía. Y nos vamos a quedar con la última: la rotura del ganchito
del omóplato derecho (fractura en la base de la apófisis coracoides y
afectación de ligamentos). Parecía que no era nada y la recuperación total está
siendo más larga de lo que se comunicó en un principio. No sólo se perdió las
últimas cinco carreras y el test de Valencia, sino que llegó con cautela al
último test de pretemporada. Finalmente se lo semi-arruinó un virus estomacal
pero lo importante aquí es la combinación de lesión + edad + recuperación. Dejemos
este factor anotado en la pizarra y sigamos con el relato.
Tiene 33 años. Aquí no podemos hacer el ejercicio de buscar
la edad media de retirada porque a cada uno le duele el cuerpo de una manera y
cada cual tiene motivaciones que le impulsan más allá del criterio de edad
biológica. Pero sí hay consenso en que la plenitud competitiva se alcanza acercándote
a los 30 y disminuye a partir de ahí. Hace poco Jaime Alguersuari (que antes de
promotor y editor también fue piloto) me lo explicó así: hasta los 30 tú vas a
las curvas, a partir de los 30 las curvas vienen a ti. Lo que cuesta bajar una
décima con 20 años no es el mismo esfuerzo que bajarla con 30.
Tiene 9 títulos de Campeón del Mundo, los mismos que Ubbiali,
Hailwood y Rossi, 4 menos que Ángel Nieto y 6 menos que Giacomo Agostini. Está
en el Olimpo de la velocidad. Ya. Pertenece. Está. Eso es inamovible. 9 títulos.
Si este año fuera otra vez Campeón del Mundo no hay que hacer cuentas
complicadas. Padre, Hijo y Espíritu Santo.
Dejadme que haga una narrativa ficción. Dos en realidad. Voy
con la primera: Marc gana el título este año, lo ha hecho sin lesiones y está
enterito y con contrato en Ducati Lenovo para 2027. Dice, vamos a por el nuevo
reglamento, las nuevas motos, el circuito urbano, Acosta en mi equipo. Vamos a competir.
Amo competir. Todo sale bien, la Ducati corre, Marc vuelve a llevarse otro
Mundial. Acosta no sabe ni por dónde le da el aire (¿os suena? ¿su compañero de
equipo derrotado?) son 11 títulos del Mundo. ¿Por qué no? Por qué no ha sido el
lema que Marc ha manejado siempre.
Voy con la segunda narrativa: por qué no. Marc gana el
título este año. Son 10. Está indiscutido con Ago y Nieto. Ya. Los tres. Por
delante tiene una moto desconocida (reglamento 2027), un promotor que no quiere
velocidad, quiere show; y un compañero de equipo dispuesto a morderle. Es algo
personal. No es Jorge Lorenzo final de carrera en HONDA, ni Pol Espargaró, ni
Alex, ni Dani Pedrosa. Es un chaval con el gen aniquilador. Va a morder. Tiene
en su contrato (el que tardó tanto en renovar) una cláusula que le libera
cuando él quiera no para ir a otra fábrica, sino para irse a casa. O sea, si me
voy a casa, me dejáis ir. Esa fue mi condición para renovar. Y entonces abre un
cajón de casa donde hay 10 papeles de gramaje alto, con el membrete de la FIM
que le acreditan como Campeón del Mundo de Motociclismo de Velocidad. Tiene 10.
Mira a su chica, al perro, al jardín, al calendario con vacaciones marcadas que
nunca hizo porque estaba en un quirófano o en un gimnasio recuperándose. Y
dice: para qué. Para qué voy a montarme otra vez en esa bestia a pelearme con
otros 23. Una voz dentro le dice: porque amas competir. Y él hace la mueca de:
me gustaba. Mira la pizarra que dejamos al principio de este texto. La mira
Marc. Se la conoce de memoria: lesión + edad + recuperación. Para qué.
Yo lo tendré en cuenta toda esta temporada. Marc no para de
lanzar este mensaje. Estoy disfrutando ahora. La decisión será de mi cuerpo más
que de la cabeza. No soy el de 2013, no soy ya la hormiga incansable. Soy Mar
Márquez.
