A más mar, más vela. A mayor presión, más grande se hace la bestia. Y esta noche doblaba fuerte el viento por Finisterre. Messi había hecho un hat-trick bello, antológico, con dos asistencias de #elmisterio como trincherazos. El Barcelona había metido 5 goles y sin embargo estaba encerrado en las dos últimas jugadas del partido, achicando agua, cazando vela.
Un día Xavi le contará a sus nietos: tuve que salir a parar una tormenta en la que todo giraba sin control. Me sacaron para frenar esa locura. Y lo paré. Bueno, hice lo que pude, pero aquello amainó durante unos minutos.
El Deportivo tenía esa humedad fría que te cala los huesos, la sal y el azufre, tenía ese aire pegajoso de la costa cuando llega la tormenta. Concedió 17 minutos al Barcelona [0-3], pero luego fue terrible. Fútbol de mirar a la cara. Valerón. Fe y goles. Nunca volvió a emparejarse con el Barcelona, pero nunca le quitó el resuello del cogote. Tuvo que redoblar su esfuerzo táctico y estratégico el Barça para no salir empapado de Riazor. Luego, con la mirada del marinero sin pesca, Marchena dijo: "sí, ha sido muy bonito, pero hemos perdido". Y se apagaron los focos y cayó la noche y la gente se puso a hablar de lo que había ocurrido.