Digamos que hubo 10 minutos de locura. Un remate seco, entre muchas piernas: Benzemá. Y un arreón metidos en deuda de oxígeno que acabó con otro remate levantando la red: Sergio Ramos. Y a eso le siguió el descuento y la eliminación. Pero pensemos que un chaval haya visto eso. Se queda un poso de satisfacción. Un era el minuto 75 y lo seguían intentando; un llego todo lo lejos que pueda. Hubo jugadores que quedaron arrodillados tras los 90 minutos y no era decepción ni frustración. Era cansancio. Era no hay más. Luego están los detalles: Iker Casillas saltando sin el chandal a abrazar a sus compañeros. Sin el chandal significa vestido de jugador, con el Iker Casillas bien escrito en la espalda. También el paradón de Diego López, un casillazo. El larguero de Lewandoski. La ocasión de Özil en los primeros 20 minutos de ataque en bloque sin pausa. El partidazo de Di María.
Hace tiempo ya que en fútbol las cosas no acaban cuando el árbitro recoge el balón. Hoytampoco menos. Hoy sería noche de cuchillos largos si no fuera porque existe cierto cansancio con el tema de los cuchillos largos. Pero veamos: el entrenador sale y dice que el árbitro no expulsó a un rival y luego que quiere entrenar donde le quieran, y no aquí que hay gente que le odia. A eso Cristiano Ronaldo contestó que a él sólo le importa su futuro y el del Real Madrid, no el del entrenador. Y Xabi Alonso que todos están muy contentos con el entrenador. Y entonces volvemos a tener al entrenador en la sopa y no los 20 minutos de ataque en bloque del principio y el arreón de fe y orgullo del final. La sensación es que los alemanes fueron mejores en toda a eliminatoria. Pero lo cierto es que a sus hijos les contarán que sintieron que se les caía el cielo encima un 30 de abril en el Bernabéu.
Hace tiempo ya que en fútbol las cosas no acaban cuando el árbitro recoge el balón. Hoy