No pude ver el partido. Estábamos haciendo el informativo mientras salía la carrera del año en Abu Dhabi, y mientras Ferrer se ponía frente al espejo en París. Luego llegué para ver la ceremonia del trofeo, el arbolito ese que tiene en cada rama el nombre del tenista que participa, y en el tronco el nombre del que gana. Ponía Ferrer bien grande. #latermita se cepilló al polaco soñador en lo que dura un informativo y un plato de spaguetti peperoncino. Felicidades, David. Era el momento, era la sonrisa ante el espejo. Era ya.
Dábamos paso a un video, mirábamos de reojo la tele, y Vettel entraba en boxes. Video y Webber se estrellaba. Video y Alonso tercero. Video y Alonso segundo. Luego leí a Lobato en Twitter. Esa sensación de que todo ha ido bien y sin embargo nada está bien del todo. Fernando Alonso, que está dando un master class del uso de las redes sociales, que cada fin de semana de carrera tuitea cómo están las cosas: ahora entro en la reunión con los ingenieros, ahora la estrategia, ahora una carrera a pie, la cena, mañana lo daré todo... no ha puesto un solo tuit desde el jueves. Es curioso, cuando las cosas se ponen duras, en el momento de la verdad, en el momento de concentrarse, silencio. El silencio como estrategia. Estoy, pero no digo nada. Estoy, y estoy a lo mío. Mi volante, mis manos, mi bólido y el circuito. Y a tomar por culo. #ATPC.
Esta noche habría necesitado un partido de Lakers, para desengrasar. Una mirada de Kobe, Gasol con ese gesto de esfuerzo, haber visto a Howard, tal vez a Steve Nash, en HD, esa quimera de la primera victoria. Es una buena manera de acabar el domingo.
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