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martes, 1 de abril de 2014

Cosas que sabíamos


Habría que decir, como principio, que la lasaña/lasagna es casi perfecta, o al menos que está excelentemente montada, y que hablamos no ya de la última capa sino del gratinado.

Cosas que sabíamos: que el Atleti defiende, que el #cholismo existe, que Diego Costa, que esto, lo otro, que Courtois para. Pausa. Que Courtois para es que hoy ha sacado tres balones como tres misiles hacia su portería. Y que sus guantes molan. Ahora: Diego Costa en el banquillo, con la camisa blanca del traje dentro del abrigo y la cara de lesión y asco. Y el empeine de Diego Ribas.
Más cosas que sabíamos: que el Barça la toca, que en casa marca, que Messi, que Xavi, que Iniesta. Pausa. Iniesta. Andrés Iniesta. Imaginemos un motor funcionando a pleno rendimiento, al máximo de revoluciones, con ese silbido agudo que raja el aire… y que alguien llega, con el ocho en la espalda, y con la mano, con dos dedos, coge la línea de sonido, la dobla, localiza un par de notas diferentes y las coloca de modo que suenan sobre toda la maquinaria; y suenan maravillosas, impensables y sorprendentes. Hay una diferencia entre que Iniesta juegue bien vs que Iniesta quiera romper un partido que se está jugando a un ritmo endiablado y un nivel de intensidad cercano al tope. Tope de cuando dices ya no se puede más. Eso hizo Iniesta hoy. De alguna manera poner más luz sobre la luz. Brillar diferente hasta la emoción.

Ahora yo esperaría un april-fools.
 

domingo, 23 de septiembre de 2012

#sinluz se piensa mejor

Foto: diario AS
En el último momento no hubo luz. Hora y media de preocupaciones, distracciones, respuestas, polémicas, juego y evasión... sin luz. Podría haber sido una anécdota. Pero es un trozo más de hielo cayendo del glaciar.

Aprovechemos la oscuridad para pensar qué es lo que tenemos. Aprovechemos que no rueda el balón.

Miremos cómo nos sentimos ante una jornada de Liga de Campeones.
A: juega nuestro equipo, partidazo.
B: no juega nuestro equipo, ocho partidos, todos a la vez. Ofertón.
Desde las 20:45 hasta las 22:30.

Vamos a una jornada de la Liga Española.
A: juega nuestro equipo. Puede ser sábado, domingo o lunes. Puede ser que me den las 12 de la noche, que tenga que madrugar para llegar al de las 12 de la mañana, o que sea a las 19.50. Si quiero ahorrar para una entrada, no sabré hasta 15 días antes para qué día debo planificar o si debo pedir permiso en el trabajo. Cuando se dispute el partido el rival directo en la clasificación ya habrá jugado. O no.
B: no juega nuestro equipo. Tengo tres o cuatro partidos extendidos a lo largo de una tediosa tarde. Pongo la radio. Dónde está el sonido de los goles?, las interrupciones de una narración porque algo más importante sucede en otro lado?, dónde queda la fuerza de ocho/nueve partidos jugados a la vez? qué mierda de atasco de vuelta me espera metido en el coche?

Ya no hay estadios llenos, ya no hay carrusel, ya no hay dinero para fichajes, ya no se acaban las obras de los estadios. Y los dirigentes, en vez de prensar el azucarillo, en vez de decir vamos todos a una, vamos todos a la vez, lo dejan deshacerse, ponen el café bien calentito. Debe de ser que su negocio es otro.