Fue un escándalo de partido, desatado, devenido tormenta a partir del tercer set, con cada punto llevado al límite, y resuelto en el alambre del tie break en el quinto. El estadio ovacionó, puesto en pie, a los dos tenistas antes de esa muerte súbita. Eso en la cuestión bola/raqueta/lineas.
La otra cuestión que siempre planea en cada partido, la fortaleza mental, que habitualmente se queda atrapada en los gestos de la cara, esta vez rompió las costuras. Hubo reclamaciones al juez, exigencias trasladadas, gritos de alivio y presión, la garganta en cada golpe; cuando los pies no resistieron, pedicura, heridas abiertas, tobillos casi escayolados; calambres, llamada al fisio en medio del juego. A punto de consumarse el naufragio en el tercer set, Little Beast Ferrer, así le llama Brad Gilbert, pedía ayuda a gritos desde la silla, con la música atronando. Le decía a Piles: "Dímelo, coño!, grita!, si hay warning da igual!, pero dime algo! no así así!"
Agotador.
Mañana, en semis, Ferrer se encontrará con Djokovic, la hiperevolución angulosa y afilada de Tipsarevic. Deberá descargar otra tormenta de energía y precisión para tener opciones. Lo hará. Good luck, Little Beast. Buena suerte #termita.
![]() | |
| foto: teinteresa.es |
