Me iba a dormir. Me iba a dormir porque mañana... pero Nadal tiene esta fuerza que te deja pegado a la pantalla. La energía necesaria.
En Kill Bill, cuando Uma Thurman va a por la katana de Hattori Hanzo, el tipo le dice: If on journey you should encounter God, God will be cut. Pero no le dijo cómo sonaba la bola cuando la toca desde tan atrás en la pista, casi desde el mar. La toca muy raspada y suena como una cuerda sorda en la guitarra de Keith Richards. Es un sonido de muerte.
Se desliza rápido entre el aire.
Corta.
Hiere.
Te mata.
Hoy estaba delante un jugador gigante. Se había cargado a Djokovic en semis con esas bermudas grises de cuadros. Del Potro agigantado por su propia barba y esa manera de caminar. Pega a la bola como una bofetada con la mano abierta. Plas. Y pega desde arriba, desde la escalera, dice @arroyer. Plas. Te da y te hunde. Y lo tenía abajo a Nadal. Lo tenía. Pero Rafa ya lo volteó en Sevilla una vez a Delpo. En la Davis, en arcilla y con el público empujando. Esta noche también. Desde atrás, desde el mar.
Cuando ya está cerca la victoria, cuando Rafa la huele, cruza la mirada hacia la grada. Es una mirada cruzada de ya estoy, ya voy. Dime que el coche está arrancado en la puerta porque pego el palo y me voy. Esa mirada se la pilla siempre la cámara, no puede esconderla.
#RafaIsBack
#LaKatanaGolpea
Ya camina uno diferente el lunes.