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domingo, 9 de junio de 2019

El monstruo no duerme

El monstruo no duerme. De modo que su tío ex entrenador le dijo al padre: si gana este juego hemos ganado. Faltaba aún un set. El niño Thiem de la todopoderosa centroeuropa había preparado perfecto el partido. Restaba desde la pared. Nada. Desde la línea. Nada. Obuses cruzados. Dejadas. Nada. Bueno, nada no: un set. A partir de ahí el monstruo dijo ya. 6-1. 6-1.
De todas formas. el día anterior, tras perder en semis, Federer fue contundente: "No hay nadie que se acerque ni remotamente al juego de Nadal en tierra."
A Thiem lo ganó con el muro. Dejando ver el grosor de la piedra de la pared, para acabar golpeando la bola en unas diagonales cortas y punzantes que el austriaco devolvía para morir en la siguiente entrega.
"Esta harto Thiem" decía el chico de Eurosport. No puedo estar más de acuerdo. Lo hartó. Thiem tiró obuses hasta el final, pegó con el alma a cada bola, buscó la fisura de Nadal hasta la extenuación. Pero el monstruo no duerme.
Mañana es lunes y podemos seguir con nuestras vidas sabiendo que el mundo gira como se espera. Nadal ha ganado Roland Garros. 12.


domingo, 11 de junio de 2017

"Siempre hay una bola volviendo"

Anocheciendo en París aún quedaba en la pantalla gigante de la Philippe Chatrier la imagen de Rafa besando la Copa de los Mosqueteros. Con el cielo cubierto y la pista ya arreglada de nuevo.

También queda en el aire la imagen del diez veces ganador de RG metiendo la cabeza en la toalla, acabado el partido, para qe no se le viesen las lágrimas al liberar la tensión, la rabia y el orgullo de haber podido volver a ganar en Paris después de lesiones complicadas.

Al rival lo dejó dándose golpes en la cabeza con su propia raqueta; estrellando una de ellas contra el suelo para acabar partiéndola con la rodilla; al rival lo dejó entrando en la sala de prensa con los ojos aún enrojecidos. "Cuando no estás liberado para conectar tu cabeza con el tenis que quieres y enfrente está Rafa... pasa esto." Wawrinka. "Con Rafa siempre hay una bola volviendo, mucho spinning, cada vez un bote diferente. Te crea la duda sobre qué hacer." No lo dijo, pero es el equivalente a taladrarte la cabeza.

A la rueda de prensa llegó Rafa preparado para reflexionar en alto sobre lo que significa ganar 10 veces Roland Garros y lo primero que dijo es que él se divierte jugando al tenis todas las semanas. Siempre hablando con un cable a tierra al final concedió: "Para ganar diez veces un grande se tienen que dar muchas cosas. Y si yo lo he hecho es posible que venga otro y lo haga. Pero no creo que yo vea a alguien igualando esto."

Y pidió agua. Porque la sala estaba a reventar. El calor empezaba a ser molesto y las preguntas ya se repetían.

sábado, 10 de junio de 2017

Camino del 10

 El sonido del golpeo de Thiem a la bola es especial. Suena a que la parte. La rompe. Es un latigazo seco. Una frecuencia que taladra el pecho. Y los primeros intercambios del partido recordaron el sonido de la tormenta. Pero tras los rayos y los truenos apareció Rafa. En realidad estaba allí desde el principio. Estaba desde que ganó su primer RG en 2005. Rafael Nadal en la Philippe Chatrier. Nunca ha perdido una semi. Nunca ha perdido una final ahí. Así que dejó que el chico del látigo perdiese la mirada. Lo cegó. Lo rompió. Lo deshizo. Sin demasiado esfuerzo. Tan sólo con seguir su ritmo. Le dijo: si juegas a esto, esto hay. Lo mismo. Y lo desintegró.

El Domingo 11 de Junio de 2017, a las 3 de la tarde, Rafael Nadal estará en disposición de ganar por décima vez Roland Garros. El torneo de la tierra batida, el torneo que le pone peso a las gestas. 10 veces. 10. Rafa Nadal.

domingo, 8 de junio de 2014

Una salvajada histórica

Le llegó ese momento petite mort, se desmayó sobre la tierra cuando la bola de Djokovic se fue larga. Noveno Roland Garros para Rafa Nadal. Fue a saludar a su rival a la red sujetenado las lágrimas. En el micro de pista no podía casi hablar. Acertó a decir: "Espero que Djokovic lo gane alguna vez porque se lo merece." Nole, en el banco, también tenía la cara enrojecida.

Cuando la competición se alarga más allá de las tres horas, da tiempo a todo. A que te duela todo, a estar muerto y resucitar, a estar ligero y que las piernas se te conviertan en plomo. Y eso ocurre en París, con calor, sobre la arcilla de la pista. La tierra batida; que lija la bola y te para los pies; a cada paso, a cada resbalada, un poquito más de suciedad en el calcetín, como un grillete marrón. Hemos visto tantos cambios en Rafa a lo largo de su carrera, en su modo de juego. Pelear cada bola, liftar hasta lo imposible, mejorar el saque, convertirse en agresivo... Hoy dio tiempo a todo. Casi revisó toda su carrera en este partido. A las tres horas y media de partido Rafa estaba doblado. Las zona lumbar. Lo veía Djokovic, que durante todo el tercer set estuvo atravesando su desierto de energía... Se crecía Djokovic. Y Rafa a dos juegos de su noveno Roland Garros, con las piernas de plomo otra vez. Como en el primer set.
44 minutos para decidir el primero
60 para el segundo
50 el tercero
A los 50 minutos de cuarto set, 5-4 para Rafa y saque de Djokovic. En la grada, Toni Nadal tiene la camiseta empapada en sudor. Lo rompe. Noveno RG, con un nivel de exigencia cercano a la agonía, 42 partidos después entre estos dos jugadores. Una salvajada en la Philippe Chatrier. Una salvajada histórica.
Esto es fácil decirlo ahora, pero da igual. #RafaEnters #RafaStays #RafaWins

domingo, 9 de junio de 2013

Entre peces pequeñitos

Pete Bodo, un cronista americano, comienza hoy su relato de la final diciendo que Rafa, pescador como es, sabe que hay que poner la misma destreza en pescar un pez pequeño que uno grande, y que esa certeza era justamente la que le daba pocas posibilidades hoy a Ferrer. 6-3, 6-2, 6-3.

Al otro lado de la pantalla el partido se vio fácil. Abajo no, abajo, en la pista, la velocidad es diferente, y el aire tiene esa densidad oculta a la televisión... pero la final de hoy no levantó a la gente de los asientos, no provocó ovaciones, no dejó gestos de incredulidad en los espectadores, no arrancó un salto del ganador hacia su box. Hubo detalles de felicidad íntima: el gesto final de Toni Nadal viendo el útimo punto, las lágrimas contenidas de Nadal en el himno... Pero sobre todo y en esencia, la final de hoy consistió "sólo" en ver ganar el octavo Roland Garros a este chico que se llama Rafa Nadal. 27 años; sin la melena de los 19; la camiseta con mangas desde que se convirtió en #1 del mundo. Ocho RG. Ocho. Ocho!, le repetía John McEnroe en la entrevista post partido.

A su oponente, en el mejor de los casos, Nadal le deja el tenis pero le roba el aire. Desde hace tiempo sólo hay un tipo que en deuda de oxígeno puede ganarle en tierra batida: Novak Djokovic. El año pasado lo intentó durante dos días y no pudo. Y este año protagonizó una semifinal épica de desconexiones brutales mezcladas con tenis excelso y violento; pero se llevó Rafa el partido de nuevo. El dominio absoluto del tenis en la Philippe Chatrier es Rafa Nadal: hoy saltaron miembros de seguridad a pista ante las protestas de de activistas, bengalas incluidas. Rafa le tendió la mano a uno a modo de "gracias por todo, podéis iros si queréis". Hubo lluvia y en uno de los descansos del tercer set, cuando arreció, Ferrer se puso la chaqueta del chandal en la silla; lo vio Rafa y saltó rápido a la pista para que no hubiese dudas sobre su opinión al respecto: aquí se juega. Cada detalle perturbador lo sacó del medio rápido. Al final, cuando recogió su octava Copa de los Mosqueteros, los colores del pantalón y la chaqueta del chándal le hacían la bandera de Francia a Rafa. La cuenta de Twitter del torneo subió, después de la victoria, esta foto con los recogepelotas. Como quien nada entre peces pequeñitos... Congrats! #unst8ppable.

sábado, 8 de junio de 2013

Madrid. 18 horas. Antesala.

La felicidad está en la antesala de la felicidad y mañana tenemos una final de Roland Garros con Rafa Nadal vs David Ferrer.

La primera cuestión sería abandonar la etiqueta de final española. A Rafa lo veo como una bestia planetaria que ya excede y supera la pregunta del origen. Es un icono, algo sublimado: de estado sólido a gaseoso sin pasar por líquido. Es una de esas leyes de la física extraordinarias. Pero si jugamos a la arcilla de Manacor vs la arcilla de Jávea, pues también vale. Da igual.

Ahora tenemos la noche por delante. El año pasado Nadal dijo que se durmió viendo dibujos animados, Bola de Dragón, creo que dijo, y que hasta 10 minutos antes de saltar a la pista en la reanudación de la final el lunes no tenía claro cómo ganar a Djokovic. No sabía cómo afrontar ese segundo día con el parcial de 8-0 en contra que le había metido Nole bajo la lluvia = bola pesada. Pero salió y a la una de la tarde se quitaron las nubes y con el sol en todo lo alto ganó el Séptimo. Entonces yo me lo imagino mañana, en la bocana del túnel de la Phillippe Chatrier, después de sumar el destrozo que le hizo a Djokovic el viernes en la semi... y no se me ocurre una situación adversa que pueda con la cabeza de Rafa. Nada. No se me ocurre nada. Qué barrera, qué muro, qué trampa, qué fosa se le puede poner delante a Rafa más alta, más escondida, más profunda... que todas las que ya ha superado... Así que ahí está el tema con este chico. En París maneja el hashtag #unst8ppable.

En la noche de David Ferrer, en esas horas de sueño, habrá un mantra velando al tenista: disfrutar y buscar situaciones de victoria; jugar un tenis a la altura de una final de Roland Garros. Leo las claves que maneja su entrenador Javier Piles: jugar el partido como si fuera uno más para evitar los bloqueos, el miedo, el brazo encogido. Leo a Piles pidiendo que se le pregunte a los tenistas si la derecha de David acaso no está entre las cinco mejores del mundo. Leo y leo, pero tiene que ser jodido enfrentar a Nadal. Verle saltar delante en ese estadio parisino cuando se sortea el saque. Y respirar ese mismo aire. En el mejor de los casos te va a dejar tu tenis pero te va a robar el aire. Y ahí hay un problema gordo.

Para nosotros el timing será diferente. Disfrutaremos la antesala de otro modo. Es sábado: cenaremos, dormiremos, leeremos cosas el domingo por la mañana, comeremos un poquito antes de lo normal y a las tres de la tarde buscaremos la señal del tenis en la tele. Entonces, cuando comiencen a jugar ya tendremos la realidad delante, el presente: La Final.


viernes, 7 de junio de 2013

#unst8ppable

Lo primero que hay que decir es que estuvo siete meses con actividad cero, que retrasó su vuelta a la competición y que buscó la temporada de tierra como la única posibilidad de volver con algo a favor. La tierra batida. El polvo de ladrillo. La arcilla. Y la gran duda entonces era: cómo estará para Roland Garros el tipo que lo ganó 7 veces?

Hoy acaba de ganar su semifinal ante Djokovic pasadas la 4 horas y media de juego (4h37m). Casi cinco horas ante un rival al que se enfrentaba por trigesimoquinta vez, igualando las 35 de Connors vs McEnroe y Connors vs Lendl. Más números y números para la historia de este deporte. No fue el Nadal Djokovic de la final de Australia porque creo que Nole está harto de Rafa. Está harto de que el espejo acabe siendo mejor que él. Está harto de saber que sus 7 finales ganadas en 2011 a Rafa van a ser un asterisco en sus enfrentamientos. Nole se fue en el tercer set. Evitó un 6-0 en el último suspiro y esperaremos explicaciones para ver si fue un bajón físico, psíquico o qué demonis pasó ahí. Sin embargo la otra constante de estos encuentros se mantuvo: Rafa está. Rafa siempre está. Esa es su máxima. Estar. En esas cuatro horas y media largas marcó el mínimo común múltiplo de nivel de juego y Djokovic fue posicionándose alrededor de ese baremo. Por debajo, Nadal dominaba fácil. Por encima, temblaba la tierra. Se escuchaban esos garrotazos secos de Nole, de arriba hacia abajo, como misiles. Sin embargo el gesto del serbio siempre ha sido gris. No tenía esa sonrisa burlona, ese humor, esa diversión implícita en un tío con tantísimo talento, número uno del mundo. Es difícil sonreir y bailar delante de una roca, de un muro como Nadal.

Ha habido intercambios duros y memorables, ha habido dejadas deliciosas, carreras buscando la vida, ha habido lo que siempre ofrece Rafa, la intención de jugar una bola más, un golpe más, estar para sobrevivir y golpear para ganar.

Ver jugar a Rafa es una maravilla. El año pasado, al ganar por séptima vez el toreno después de todos los palos que Nole le pegó, subió hasta su box y se echó a llorar en brazos de su tío, su padre, su manager... Hoy le estalló la sonrisa más grande que jamás se le vió. Welcome back, Rafa. Gracias por tantas horas de esfuerzo y competición. #Unst8ppable.

martes, 12 de junio de 2012

#HIS7ORY


Uno necesitaría que el avión alargase el trayecto y concediese unas horas más de viaje, ajeno a las cuchilladas, tan por encima de las nubes. Con Amy Winehouse cantando Between the Cheats. Au revoir Paris. Au revoir a las lágrimas en la pista central mientras veía a Novak Djokovic en la silla con la mirada perdida. Me dieron ganas de ir a decirle: bien jugado, no pasa nada. Pero eso igual se lo había dicho ya Rafa. 

En aquella doble falta, a las dos de la tarde, cayó de rodillas en la tierra de París y se acurrucó para llorar. Pero luego, al ponerse de pie, le entraron las ganas de levantar los brazos al cielo... y qué hizo? Esperar. Ir a la red. Saludar a Djokovic. Saludar al juez. Y una vez hechos los deberes, después de limpiar los zapatos y acabar con las tareas, el niño mandó todo a tomar por culo y lanzó contra el suelo su raqueta. En Nueva York, después de ganar el US Open y conseguir el Grand Slam, saludó y fue a ordenar sus raquetas en la bolsa antes de levantar los brazos. Esta vez no. El once de junio de dos mil doce, no. Tiró la puta raqueta con violencia, levantó los brazos en el centro de la pista y se fue como una flecha al fondo. De un salto, con un solo impulso, se elevó por encima de la pared de dos metros y fue a abrazarse en lágrimas con su gente. 

Rafael Nadal. #HIS7ORY. Siete. Uno más que Borg. Uno más que el resto. Uno más que el que más había conseguido desde que alguien decidió medirse en la tarea de golpear una pelota por encima de una red sin que la bola saliese de unos límites. Esas cosas de los humanos con el supermercado cerca. Una tarea obsesiva, que te pega a las líneas, a los ángulos, al viento, al sol en la cara, al calor y a todo lo que te estorba para que entre esa bola peluda.

Vi a John McEnroe delante de mi, con el retorno de la NBC puesto. El tipo que me hizo coger una raqueta para ver si yo también acertaba a darle. Tenía su micro en la mano para entrevistar a Rafa, que llegaba con la Copa abrazada. Bajaba de escuchar el himno aguantándose las lágrimas. Habló con McEnroe. Y luego conmigo. La vida te pone ahí a veces, en la arcilla de París con el mejor jugador de la historia delante para que le preguntes cosas. Tres cosas. Tres preguntas. Sólo tres. Con el trofeo en la mano, sudando aún. Le dije: has llorado? Me contestó: estoy llorando todavía.













Luego toqué la tierra con la mano. Húmeda. Pastosa. Compacta. La tierra de París. Veinte minutos antes habían estado a punto de volver a parar el partido porque jarreaba. Sucedió que paró la lluvia y Nole y Rafa, después de cambiar dos frases dijeron: dale, con dos cojones, a jugar, y que sea lo que dios quiera

En el último juego salió el sol. En la retrasmisión dije: sale para ver ganar a Rafa, el Rey Sol. Y en el penúltimo punto, después de un winner de Rafa se me ocurrió mezclar lo del Rey Sol y el Estado soy yo y su puta madre y pensé que Rafa podía gritar el I am the greatest de Muhammad Ali transformado en el tenis soy yo. Manolo Santana me miró y sonrió. Luego llegó la doble falta. Y quedó atrás lo del día anterior, el arranque con 3-0; el raquetazo de Djokovic a su silla para abrir un boquete justo donde ponía Perrier; la lluvia; la vuelta; el 8-0 en contra; el cabreo de Rafa porque aquello no lo paraban, todo el tercer set con lluvia. Atrás quedó la noche. Y llegó la una de la tarde y era lunes. Y pasó una hora. Y estábamos en París. Con la séptima Copa de los Mosqueteros. Y estábamos McEnroe y yo. La llamada de la directora de no sé que ministro, el tartare de boeuf, las cervezas, la Torre Eiffel, y este avión que se empeña en aterrizar ya y me obligan a apagar todo.