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domingo, 27 de enero de 2019

Lección de tenis y realidad en Australia

Cada bola que tiró fue una cuchillada certera. La primera fue tan contundente que no cambió el gesto, incrédulo ante lo bien que había hundido la hoja. 15-0. El segundo servicio recibió como respuesta un resto cortado de Nadal, bloqueando la bola con el drive... Estaba claro ya, que lo había herido. Djokovic había entrado con todo y Rafa aún estaba en el desayuno.

En la rueda de prensa Nadal dijo que intentó varias cosas, pero no sirvió ninguna. Djokovic se presentó en la final de Australia en un estado de juego portentoso. Físicamente bien, aparentemente mejor que Nadal, pero no lo sabemos. Apenas se vió obligado en media docena de puntos. Lo interesante, una vez resuelto el partido en tres sets, fue escuchar a Rafa en una lección de tenis y realidad.

"Estaba muy lejos físicamente de Djokovic y además él ha jugado a un nivel muy difícil de mejorar. El tema mental es relativo. Entra en juego cuando el nivel es igualado." "Ni siquiera tuve opción de intentar lo que tengo de manera natural, la defensa y recuperación. Djokovic no me ha dejado." "La realidad es la que es. Obviamente hay ilusión pero hoy Djokovic estaba varios puntos por encima de mi."

La realidad es que cuando ambos ganaron sus semifinales todos volamos hacia el partido de casi seis horas de 2012. Pero a las 9:30 comparecieron en pista el número 1 del Mundo, seis veces ganador del AusOpen y el número 2, que estrenaba el año tras lesión/operación/retirada-en-Brisbane, ganador del AusOpen en 2009, 10 años ha.

Así que el Lunes hay que volver a madrudgar.



domingo, 11 de junio de 2017

"Siempre hay una bola volviendo"

Anocheciendo en París aún quedaba en la pantalla gigante de la Philippe Chatrier la imagen de Rafa besando la Copa de los Mosqueteros. Con el cielo cubierto y la pista ya arreglada de nuevo.

También queda en el aire la imagen del diez veces ganador de RG metiendo la cabeza en la toalla, acabado el partido, para qe no se le viesen las lágrimas al liberar la tensión, la rabia y el orgullo de haber podido volver a ganar en Paris después de lesiones complicadas.

Al rival lo dejó dándose golpes en la cabeza con su propia raqueta; estrellando una de ellas contra el suelo para acabar partiéndola con la rodilla; al rival lo dejó entrando en la sala de prensa con los ojos aún enrojecidos. "Cuando no estás liberado para conectar tu cabeza con el tenis que quieres y enfrente está Rafa... pasa esto." Wawrinka. "Con Rafa siempre hay una bola volviendo, mucho spinning, cada vez un bote diferente. Te crea la duda sobre qué hacer." No lo dijo, pero es el equivalente a taladrarte la cabeza.

A la rueda de prensa llegó Rafa preparado para reflexionar en alto sobre lo que significa ganar 10 veces Roland Garros y lo primero que dijo es que él se divierte jugando al tenis todas las semanas. Siempre hablando con un cable a tierra al final concedió: "Para ganar diez veces un grande se tienen que dar muchas cosas. Y si yo lo he hecho es posible que venga otro y lo haga. Pero no creo que yo vea a alguien igualando esto."

Y pidió agua. Porque la sala estaba a reventar. El calor empezaba a ser molesto y las preguntas ya se repetían.

domingo, 29 de enero de 2017

Queda aire para respirar

Se puso el partido para Rafa, con break nada más empezar el quinto set. Pero mientras todo su box celebraba esa rotura, Carlos Moyà se rascaba la nariz. Aún quedaba mucho. Y lo que se vino encima de Nadal fue un huracán. Federer lo pasó por encima desde cada esquina de la pista. Rafa resistió lo que pudo. Tiró golpes valientes. Salvó cinco o seis bolas de break en contra en ese set.

Cuando llegó la bola de partido para Federer el suizo sacó con el alma a la T. Su cuerpo fue detrás de la bola. Pero se falló. Luego dos ojos de halcón. Salvó Rafa. En la segunda de partido Rafa volvió a pedir ojo de halcón... pero había entrado. Lo sabía. Federer saltó casi con lágrimas en los ojos, con el gesto nervioso de un hombre adulto. Puso una rodilla sobre la Rod Laver. Ahí se le escapó un lágrima. Había ganado su decimoctavo Grand Slam con 35 años ante Rafa Nadal.

Los dos renacidos para llegar a esta final. Dos dinosaurios ya. Ganó el mayor y la victoria deja aún aire para respirar. En Madrid sigue lloviendo y queda la tarde por delante. En Melbourne la noche de verano ya está bien entrada. Federer alza el trofeo. "Hubiera estado feliz incluso si hubiese perdido", dice.



domingo, 29 de mayo de 2016

La agonía

La vida estuvo girada en muchos tramos del partido. Jugando a contra estilo minutos y minutos los dos equipos. En la sala de prensa ya había pasado esto: Simeone hablando del peso de 113 años y Zidane diciendo que había que correr. Hubo dos goles, el de Ramos en fuera de juego, y un penalti fallado. Hubo prórroga. Hubo calambres y tirones y la gente no podía hacer ni 5 metros en carrera. Los que podían sentían que se les encogía el cerebro. El Madrid se colgó de Casemiro. En el Atletico Filipe Luis y Koke abandonaron porque no podían seguir en pie. Así hasta los penaltis. Juanfran lo tiró al palo y Cristiano, que no había rascado bola en todo el partido, medio lesionado, metió el quinto. Fue una final demoledora, de fútbol poco vistoso, como se decía antes, pero aquellos 90 minutos se pusieron en valor cuando la prórroga hizo la radiografía de lo tocados que estaban físicamente los jugadores. Zidane dijo que él tenía la suerte de haber acompañado al equipo los últimos cinco meses, pero que el trabajo y el esfuerzo viene desde principio de temporada. El Cholo concluyó: "ahora tenemos que aceptar esto curando las heridas en casa." Tenía al equipo y a la afición en lágrimas.
 

sábado, 5 de septiembre de 2015

Nadal. Negro. Nueva York

Sinceramente no creí que Nadal fuese a perder con ese outfit negro en Nueva York. Tengo el recuerdo de 2010, cuando fue la sombra de Lost. Pero cedió después de ir dos sets arriba.

Una victoria de Rafa siempre ha sido una escalera bien subida. Lo que nos dijeron nuestros padres y lo que repetimos a los niños: esfuérzate, lucha, entrena, estudia, da en cada momento lo que toca, luego un poco más, y verás cómo las cosas te salen bien. Las victorias de Nadal, sus triunfos, siempre han sido una muesca del universo ordenado. Gana Rafa, el día va bien. Como un hashtag: #ElDíaVaBien.

Ahora hay que estar atentos en la derrota. Es una deuda contraída después de 14GS, tres veces número 1, varias lesiones para arrojar la toalla. Ahora toca observar qué hace el tipo. Federer, en un lugar parecido, ha decidido una última firma de talento subiendo a restar a la línea del cuadro de saque. Nadal, de momento, contesta en la sala de prensa con los brazos cruzados y el gesto torcido. Lo que sale por su boca es que el rival ha jugado mejor. Lo que lanza su mirada es un vistazo a la roca, para ver si encuentra el hueco.

Hay que estar atentos. Tenemos varios tramos finales a los que mirar: Rossi, Federer, Nadal. Luego llegará el nuestro. #TimeToLearn

 

domingo, 26 de enero de 2014

El desierto

Aquello parecía un desierto sobrevenido, un desierto en medio de una autopista que estaba siendo una tortura para Rafa Nadal, barrido en el primer set por Wawrinka, y un paisaje inesperado para el suizo, que perdió todas las referencias. Ni había bolas potentes, ni el rival corría (Nadal pasó varios juegos como un palo, sin movilidad alguna), ni entraban las bolas, incluso ni siquiera llegaba a conectarlas con las cuerdas de la raqueta... El desierto se instaló en aqulla pista de Melbourne, y sublimó el partido a un duelo mental. Nadal: estoy lesionado, no me puedo mover, apenas puedo pegar, pero no me voy, sigo aquí. Wawrinka: 6-3, 6-2 a favor y no me entra nada, se me van los juegos al servicio,  ¿dónde estoy?
Estaba en la nada. Perdió el tercer set, y en la enésima bola fallada en el cuarto gritó a su box: "¡basta!, ¡no me habléis!", como si hubiera decidido que sólo su silencio le conectaría al partido. Para entonces, a Rafa le debía estar haciendo efecto la medicación analgésica, se le fue el gesto de dolor del rostro, seguía con la movilidad reducida, pero así había ganado un set y ¡¡había roto el servicio de Wawrinka en el cuarto!!

Había una línea delgada, el último hilo de la cuerda al que agarrarse. Si Wawrinka no se daba cuenta, incluso se podía llegar al quinto set. Pero Wawrinka logró conectarse de nuevo. Al romper el servicio de Rafa por segunda vez en el set lo escenografió claramente, golpeando con su puño su cabeza. En la cámara superlenta parecía el golpeo de un púgil. El puño desnudo contra la cabeza. Ganó Wawrinka.

En el post partido encontramos algunas claves. Primero, las lágrimas de Rafa Nadal. Lloraba por no haber podido competir, por no haber podido disputar la Final del Abierto de Australia. Cuando todo a su alrededor son cifras de los GS que ha ganado, los que le restan para alcanzar a Federer... GS como si fuesen chupa chups. Esta es una prueba cruel de lo que cuesta ganar uno. Como ir a por un ochomil y que haya tormenta cuando sólo queda una jornada para la cima. Segundo, la lesión. Aún no se sabe qué fue exactamente. Un pinchazo en la espalda durante el calentamiento, dijo Rafa en la sala de prensa. O sea, entró lesionado a la Final. Pero luego nadie ha dado detalles. Aparentemente no es grave. Tercero: en las alocuciones de la ceremonia del campeón, los dos dijeron "somos amigos, entrenamos juntos a veces, felicidades, etc etc", pero el momento del medical time out, mientras Rafa era atendido en el vestuario, se vivió en la pista como una tormenta de histeria, con Wawrinka presionando al juez de silla: "¿por qué se ha ido? ¿qué lesión tiene? ¡pregúntaselo! ¡tu deber es saberlo!" Entonces, sin que nadie reparase el ello, todo se estaba convirtiendo en un gran desierto. Sin tenis, sin jugadores, uno herido, otro desorientado; allí, en medio de aquella Final de primer grande de la temporada.

imagen via @davidjnadal