lunes, 16 de junio de 2014

Ritmo de carrera vs ritmo de batalla

En futbol el ritmo de partido lo marca el tiempo que tardas en atacar la portería rival desde que recuperas el balón. Recuperas la bola, la echas para atrás, la sobas, te colocas, estamos todos, atacamos: ritmo bajo, aburrido. Recuperas la bola, sales, tocas, incorporas gente, generas peligro: ritmo alto. Exigencia alta.

En la motos está el ritmo de carrera que canta el crono en cada parcial, en cada vuelta. Ritmos altos, medios, bajos. Pilotajes perfectos, ta ta ta. Y luego hay un ritmo de batalla. Ritmo de guerra. Cuánto tardo en devolver un adelantamiento. Cada piloto tiene uno o dos puntos marcados en el circuito. Puntos favorables para el ataque. Si me pasan me quedo, espero a llegar al mi punto fuerte y devuelvo el adelantamiento. Lo normal. Pero hay pilotos que no esperan. Devuelven el ataque de inmediato. Sea donde sea. Por fuera, por dentro, en el siguiente milímetro de margen. Ritmo alto de batalla. Intercambio de golpes. En Mugello Jorge y Marc se enzarzaron en un ritmo de batalla frenético, a la altura de lo que proponía el trazado y la energía del circuito. En Montmeló 2014 hubo cuatro pilotos con la mirada inyectada en sangre, dispuestos a atacar y devolver adelantamientos sin pensar el lugar ni el momento. Metieron al circuito entero en una atmósfera de guerra y éxtasis muy difícil de comparar con cualquier otra cosa. Leer cualquier crónica de esa carrera es agotador. Te devuelve el dolor y el placer del esfuerzo máximo. Cuando se entra en esa dinámica puede suceder que en pleno adelantamiento (vuelta19) dos pilotos vean una bandera amarilla y levanten la mano para que se recuperen las posiciones, y que en pit lane interpreten esas manos levantadas como lluvia y arranquen la segunda moto con neumáticos para mojado. Ese es el nivel de concentración y exigencia. No es que todos quieran ganar, es que nadie quiere perder. Todos metidos en la batalla.

Esos cuatro pilotos fueron:
Jorge Lorenzo en la primer tercio de carrera.
Valentino Rossi, que huele la primavera de nuevo.
Dani Pedrosa, que está en su ahora o nunca.
Marc Márquez, que está en la edad salvaje de los 21.

Gloria a todos ellos. 



sábado, 14 de junio de 2014

"No se puede ser siempre el más rápido"

Lo hizo en Jerez y quiso repetirlo en Montmeló. Habían comprobado que el rendimiento máximo del neumático blando estaba en la primera vuelta, y el circuito era propicio para dos entradas en box. Así que volvió a usar las dos motos en la Q2, algo que el resto de pilotos descarta porque "sólo" confían en la primera moto. Marc tiró una vez contra el tiempo. Pole. Cambió moto. Tiró otra vez, no mejoró. Cambió moto para el último ataque, pero hubo un imprevisto. Dani Pedrosa había bajado de 1,41 (el único piloto que lo consiguió) y tenía la pole provisional. Allá fue Marc. En la primera frenada apuró demasiado; "frené tarde y aún así intenté meter la moto en la curva porque era la última posibilidad, pero me caí. Pido perdón al equipo."


Esta estrategia, que tiene una puesta en escena espectacular y única pone al piloto frente al estrés de no poder fallar en ninguno de los ataques al tiempo. No puede reaccionar. No puede rectificar. Son tres ahora o nunca. Y su debilidad está en una frase del propio Marc: "No se puede ser el más rápido siempre. Esto es MotoGP."

Así que, cuando el semáforo esté en rojo a las dos de la tarde, tendrá a su izquierda a Jorge Lorenzo ("voy a intentar no descuidar nunca más el físico"), y en el otro extremo de la pista a Dani Pedrosa, que ha trabajado para mejorar sus finales de carrera y le ha birlado a Marc el 7 de 7 en poles.


Caída de Marc en T1


En el suelo no hay nada

5-1 es una paliza. Una hostia bien dada. Como si la merecieras. Cuando te meten cinco es que te tiene ganas. Con cinco goles en contra todo se afea. Todo parece una mierda. He visto el partido en la cafetería de un hotel. Ha llegado un inglés casi al final. Ha mirado la pantalla y ha dicho: Oh, my god. Le ha salido del alma. Dios mío. 5-1 a la Campeona del Mundo.

Ahora queda el grupo. El grupo en esencia son los jugadores que consiguieron lo que nadie: campeones del Europa, del Mundo, y de Europa de nuevo. El seleccionador decidió que fueran a Brasil. Este Mundial es suyo y pueden hacer con él lo que quieran. Hasta donde lleguen será el límite de sus capacidades. El gesto de concentración de Iniesta en el túnel de vestuarios. Eso es este grupo.

Nos han metido cinco. Ahora pueden pasar dos cosas: que el equipo crezca y llegue lejos, o que el equipo no pueda más. Yo voy a estar con ellos. Es mi posición. Por esto hay que pasar, no es nuevo. Te lo enseñan en el colegio: los ciclos. Los inicios y los finales. Ayer un piloto de MotoGP me dijo: está la cabeza, que quiere; está la moto, que puede; y en medio está el cuerpo, que dice sí o no. Y hay que aceptar. Es la vida. Ahora toca Chile. Veremos cómo reacciona el grupo, cómo está el cuerpo. Por esto hay que pasar. Y la mirada no hay que perderla. En el suelo no hay nada.

domingo, 8 de junio de 2014

Una salvajada histórica

Le llegó ese momento petite mort, se desmayó sobre la tierra cuando la bola de Djokovic se fue larga. Noveno Roland Garros para Rafa Nadal. Fue a saludar a su rival a la red sujetenado las lágrimas. En el micro de pista no podía casi hablar. Acertó a decir: "Espero que Djokovic lo gane alguna vez porque se lo merece." Nole, en el banco, también tenía la cara enrojecida.

Cuando la competición se alarga más allá de las tres horas, da tiempo a todo. A que te duela todo, a estar muerto y resucitar, a estar ligero y que las piernas se te conviertan en plomo. Y eso ocurre en París, con calor, sobre la arcilla de la pista. La tierra batida; que lija la bola y te para los pies; a cada paso, a cada resbalada, un poquito más de suciedad en el calcetín, como un grillete marrón. Hemos visto tantos cambios en Rafa a lo largo de su carrera, en su modo de juego. Pelear cada bola, liftar hasta lo imposible, mejorar el saque, convertirse en agresivo... Hoy dio tiempo a todo. Casi revisó toda su carrera en este partido. A las tres horas y media de partido Rafa estaba doblado. Las zona lumbar. Lo veía Djokovic, que durante todo el tercer set estuvo atravesando su desierto de energía... Se crecía Djokovic. Y Rafa a dos juegos de su noveno Roland Garros, con las piernas de plomo otra vez. Como en el primer set.
44 minutos para decidir el primero
60 para el segundo
50 el tercero
A los 50 minutos de cuarto set, 5-4 para Rafa y saque de Djokovic. En la grada, Toni Nadal tiene la camiseta empapada en sudor. Lo rompe. Noveno RG, con un nivel de exigencia cercano a la agonía, 42 partidos después entre estos dos jugadores. Una salvajada en la Philippe Chatrier. Una salvajada histórica.
Esto es fácil decirlo ahora, pero da igual. #RafaEnters #RafaStays #RafaWins

domingo, 1 de junio de 2014

Mugello pide


El deporte se eleva sobre la vida cuando su gente, los que compiten,  recogen la energía del escenario, y ese lugar es importante y demanda cosas. Te pide. Te exige. Te dice: aquí pasó esto y esto y esto otro y aquí se viene a honrar este deporte.

Mugello. La belleza. Esa exigencia. La velocidad extrema. Los 361kmh en final de recta con cambio de rasante. Mugello. El manto verde de las colinas.
Márquez y JLo.

Márquez se ha convertido en un cazador experto. El año pasado era un cahorro en aprendizaje, listo, talentoso, extremadamente talentoso. Seguía a Dani para aprenderse el circuito y cuando creía que lo tenía, zas. Ataque. Cuchillada. Zapatilla. Victoria. Todo el año en el podio excepto la caída de Mugello y la bandera negra de Australia. El podio negado en los dos circuitos más bellos, rápidos y puros del Mundial. Pero aprendió a cazar del que tenía su misma moto.

Este año Márquez es otra cosa. Se sabe el libro pero ahora busca más. El maestro del paso por curva es Jorge Lorenzo y Mugello es paso por curva. Y lo estudió entrenando y lo estudió en carrera. Detrás de Jorge. Cuando lo tuvo, zas. Ataque.

Solo que esta vez la presa se revolvió con fuerza. Gritó, chilló, aulló como una ballena que siente el arpón. Tiró contra el origen de la herida... Ahí Marc tenía una bala más. El equipo había previsto la batalla y cambiaron los parámetros de la sexta marcha para poder adelantar en esa recta doblada que tiene Mugello. Ahí dió el golpe definitivo. Jorge le defendía el perfil de ataque, los dos se iban al piano, al borde del abismo. Y Marc pasaba pero ya la frenada se les echaba encima y había un duelo de dos bestias intentando parar el misil en menos de 300 metros. Trece adelantamientos después, Marc ganó.

“Sólo me he divertido al cruzar la meta.” Marc.
Eso sitúa el nivel de la lucha. No fueron adelantamientos divertidos. Fueron sablazos, fueron katanazos tirados para vencer. Pero ninguno resultaba definitivo. El límite se situó en la extenuación. Dennis Noyes me dijo: Marc ya no es el chico loco que sale a pista con el pelo incendiado. Ahora Jorge se fía de él y por eso pueden rodar tan cerca y pueden establecer la confrontación en esa distancia.

Es una escenario nuevo. Jorge está volviendo y Marc sabe cazar cualquier tipo de presa.

Y llega Catalunya, con esa curva 9. En quince días. Cuando hayamos recuperado el aliento.

“we will try to fight
we will try to stay there
we will try to fight for the victory”

Es el mantra que repite Marc en cada rueda de prensa después de cada carrera y antes de cada nuevo reto. Vive ahí. 1 de junio de 2014. Seis de seis.

sábado, 31 de mayo de 2014

La belleza. El riesgo. El respeto. Mugello

A diferencia de otros sábados, hoy nadie ha asestado una cuchillada al crono, ni ha dicho aquí mando yo, ni ha fulminado un record. Bueno, Rins en Moto3. 
Mugello impone el respeto de la belleza. La chica que mira y te destruye. Sonríe y marca el paso Mugello. Una joya metida en las colinas de la Toscana. Más de la mitad del trazado es recto, el resto curvas enlazadas. Curvas para aguantar un pulso; es difícil quedarse en ellas porque si vas a saco buscando una frenada profunda, te cierran la salida; así que hay que entrar suave para salir rápido. 
Hoy, en el FP3 Marc dio cuatro vueltas detrás de JLo, mirando qué hace el maestro del paso por curva. Luego se anotó la pole, seis de seis, pero lo hizo sin levantar la voz. Dos ataques al tiempo y basta.
El resto se quedó confundido en medio de las colinas. Dani, que iba para pole, segunda fila (se equivocó con el mapping). Valentino, que iba para primera fila, cuarta (se equivocó con el neumático blando delantero). JLo hizo tercero. Cuando mire a su derecha en la primera línea verá un intruso con el 29 fluorescente: Iannone. 
Está todo sin decir aún en Mugello. Está el domingo a las dos de la tarde. Los frenos de disco con nuevo diámetro. Las dudas de los chasis y motores. Las miradas puestas en esa belleza que nos atrae hasta perder el control. La bajada de Casanova - Savelli, la frenada de la 1 (San Donato), las dos Arrabbiata, ese curvón antes de meta, a izquierda, cambiando el sentido de la marcha y la vida.
Nos queda Mugello. Y es un momento crítico en el Mundial.
Ojo con Pol. Aunque Pol es otro post. Está haciendo derrapar la Yamaha. Igual revisa el KANDO: la satisfacción y emoción infinita al encontrar algo con valor excepcional.



domingo, 25 de mayo de 2014

Diez Copas de Europa

En el campo el fútbol es algo precioso. Un tablero de juego y dos aficiones. Se ve diferente. El plano master de la televisión se transforma en algo maravilloso, de más rango, con más ángulo, se potencia la visión global, pero se pierden los detalles, prácticamente todos. En el campo se vió enseguida la falta de competición de Khedira. Y la estructura del Atlético, la imposibilidad de sobrepasarles jugando a velocidad de crucero. En el campo se ve un balón flotando en el área y Casillas fuera de la portería, Casillas metido en un error. Gol. Prácticamente nadie en la grada sabe lo que ha pasado. Cuando al Atlético de Madrid se le acabaron los cambios, el profe Ortega seguía dirigiendo un calentamiento ficticio por la banda. Y en los veinte minutos finales de ataque del Real Madrid se vio a Sergio Ramos. Ramos desde atrás y Ramos delante. El 4 haciendo una exhibición de poder físico. Modric e Isco maniobrando. Bale fallando una tras otra todas sus opciones, las que ejecuta y las que él mismo se niega. Cristiano desaparecido. Di María con el oxígeno extra de Marcelo. Y gol en el descuento. Un balón colgado y un balón en la red de Courtois. El mérito del Real Madrid  fue noquear al rival cuando era evidente que ya no tenía una gota de energía más. A veces estas situaciones se retuercen, se llega a los penaltis y el día se hace noche. Cuando el Real Madrid recogía el trofeo en el palco, Gabi y Simeone diseccionaban el partido de Lisboa. Aunque bien podrían hablar de Septiembre. No lo sabe nadie.