domingo, 10 de febrero de 2013

Espejo vs hijo

Cristiano Ronaldo ya ha ajustado las distancias de sus carreras al fútbol del Real Madrid. Hubo un tiempo que parecía querer ajustarlas exclusivamente a su currículum. Entonces tiraba una carrera de 20 metros y si no recibía el balón todo era un no tienen ni puta idea. Pegaba una arrancada violenta de 10 metros, soltaba la bola y si no acababa en gol, o había un control defectuoso o la jugada moría, él daba los pasitos del velocista que frena y se cagaba en todo con esa mirada de desprecio puesta en cualquier sitio. Llevaba unos cuantos partidos sin el gesto final, y esta noche, a cuatro días de la llegada del Man United ha completado un hat trick soberbio con el valor añadido de sumar mismos los goles de Gento [181]. Hace tiempo que se engomina como Puskas y hace unos cuantos partidos que ya le sale una sonrisa tranquila.
Tengo una teoría retorcida y otra más limpia. La retorcida: si no está Casillas, él es el único e indiscutible lider del grupo, de modo que tiene lo que más le gusta: todos los focos, toda la responsabilidad. Ante todos los focos relaja el gesto; y ante toda la resposabilidad, se preocupa por el equipo.
Me gusta más pensar otra cosa, la teoría limpia: ya no mira un espejo ni se pone los goles en pantalla gigante. Ahora sabe que su hijo le mira desde el palco y que en casa le puede hacer preguntas.

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