lunes, 7 de enero de 2013

La niebla

Sin razón aparente, sin querer casi, me vi allí, en esa especie de cubeta ovalada, entre más de 20 mil personas, mirando hacia la niebla. Viernes 4. 12:45.

Cada tres minutos de la niebla salía como una bala, disparado, un tipo con esquís. Muy recto; los brazos tiesos, hacia atrás; las manos abiertas, como si fuesen las pletinas de compensación de una aerodinámica fragilísima, sostenida sólo en dos piezas de carbono de dos metros de longitud. Esos esquís y las manos abiertas es lo único que parece sostener en equilibrio a esos tipos.

Me contaron que cuando están preparados para lanzarse, desde arriba, con la ciudad a sus pies, lo primero que ven es el cementerio de Innsbruck. Lloviznaba. La pantalla gigante da toda la fase se deslizamiento por el trampolín, y luego hay que girar bruscamente la mirada, hacia la niebla, para ver aparecer a ese hombre volando. Un vuelo de más de 100 metros. 115 de media. 131,5 el ganador. Caen a tal velocidad que deben frenar con fuerza en la rampa de subida para no chocar violentamente contra la pared.

Hay 22 mil personas allí, viendo el espectáculo metidas en una especie de vasija abierta al cielo, dos graderíos que gritan cada vez que sus saltadores toman tierra. Banderas austriacas. Banderas alemanas. Bengalas. Cerveza. Caras pintadas

Y ese chaval de 22 años, Schlierenzauer, de Fulpmes, en el Tirol austriaco. Salta y sonríe. Vuela y celebra. Se esperaba que ganase para ponerse líder en el 4 Trampolines y lo hizo. Una constante universal en el deporte de élite: el bueno de verdad aparece cuando se le espera.

Hay otras constantes en este show:

1. La gente está ahí porque hay algo evidente: un fallo en la ejecución, un error técnico, te coloca muy cerca morir. O sea, en cada salto, está la posibilidad de decir ciao.

2. La gente aprecia ese riesgo evidente, pero además, el 99% se ha puesto alguna vez en su vida unos esquís y sabe lo que es deslizarse por una pendiente en los Alpes. En centroeuropa quien más quien menos calza, como mínimo, unas Salomon de trekking. Respiran eso.

3. Hay excitación, expectación, admiración, sorpresa y una sensación obvia de ver algo inalcanzable. Cualquier marciano que aparezca allí aprecia esa electricidad mezclada con la llovizna.

Y ahora, fotos. La cuarta es de voanoticias.com









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