lunes, 7 de octubre de 2013

Pancarta recortada, final de hielo.

La chica había hecho una pancarta y luego recortó una esquina. O no le gustaba o no procedía o algo pasaba. Se leía: I Love Nadal, con la o en forma de corazón rosa: y se veía también un trocito del dibujo que sobresalía la línea de recorte. Djokovic vs Rafa en modo partida de ajedrez rápida: movimento, reloj, movimiento, reloj, movimiento, reloj, jaque. Ganó Djokovic. Un partido con algo arrancado, con las energías volteadas.

Rafa llegaba a la final de Pekin después de hacer cima. Otra vez número 1, con todo lo que esta vez hay detrás: siete meses fuera de la competición, la incertidumbre de la vuelta, la lesión, los miedos. Otra vez número 1 y Djokovic delante al mejor de tres sets.

Para Nole esta final era un trozo de carne cruda en medio de la sabana, tras meses de hambruna (tres derrotas ante Nadal este año: RG, Montreal, USOpen). Lo devoró. 6-3, 6-4.

Ninguno concedió un gesto amable en todo el partido. Ni media sonrisa, ni un solo gesto positivo, de alegría, de felicidad, nada. Pasada la hora de partido, en el segundo set, Nadal gritó un "vamos!". El resto fue tenis en una cámara frigorífica a pesar del griterío constante del público chino. Chinos por todas partes. Es una obviedad lo de que haya chinos en Pekin pero no sé, aquí eran las 10 de la mañana de un domingo y la tele estaba abarrotada de   chinos con banderas españolas, serbias, pancartas individualizadas para cada jugador; chinos llenando las escaleras de acceso a los vomitorios. Aunque en la cabeza de Nole vs Rafa la final se jugaba en una cámara frigorífica.

Contra qué jugaban? Djokovic contra el tipo que le había arrebatado el número 1 del ranking ATP la jornada anterior, vale. Pero Rafa? Contra qué jugaba? Esa milésima lento, la suela de las zapatillas pegadas al suelo, esos centímetros extras por detrás de la línea de fondo... Con la pregunta en el aire de qué le sucedió a su rodilla en el partido de cuartos, sin posibilidad de saber nada en semifinales tras la retirada de Berdych. Nadal negó molestias físicas, pero siempre lo hace. A nueve mil kilómetros de distancia la pantalla de televisión hacía destellar diferente la luz sobre el rostro de Nadal. Eran ya pasadas las 11 de la mañana del domingo. La pancarta decía I Love Nadal, pero estaba recortada. Algo pasaba. La derrota podía ser normal. El frío, no.




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