miércoles, 23 de abril de 2014

Benzemá. Casillas.

Fueron dos katanazos. Dos espadazos de corte troncal, metido el acero hasta las vértebras, en un combate durísimo, de kilates. Un partido de grandísimos jugadores formando para el vigente campeón de Europa y para el aspirante a la décima.

El primer espadazo lo dió Benzemá. Una contra, la primera del partido en 20 minutos, gol. La gente removía el culo en el asiento porque los de rojo parecían blaugranas. Porque en el banquillo visitante estaba el tipo del traje perfecto. Vive en Munich y está moreno. Se estaba haciendo el aire pesado para respirar y el Madrid encontró salida por la izquierda. Coentrao para Benzamá en el último pase. 1-0. Oxígeno.

El segundo katanazo llegó cuando pasaba el minuto 80. Goetze, que había salido desde el banquillo, con el talento fresquito, el flequillo bien colocado y la sonrisita, vió como le botaba el balón delante, cerquita del área pequeña; armó el disparo, le pegó con el empeine, salío perfecto el balón... y aparareció Casillas. La videoteca del portero añade una enésima parada portentosa. 1-0. Quieto.

Aún hubo unos cuantos golpes más de los alemanes, un par de contragolpes incompletos del Madrid... Se jugó el descuento como si no hubiese partido de vuelta, como si la Champions acabase esa misma noche. Es un espectáculo maravilloso ver a los jugadores vacíos de fuerza en el m90, apoyándose en la piernas para respirar, jadeando después de cruzar fuerzas balón por medio. Queriendo balón. Queriendo fútbol.

Una semifinal preciosa. Sólo pensar en la vuelta pone los pelos de punta.

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