domingo, 26 de junio de 2016

Aparecieron los lobos

Muchas veces tendemos a pensar que todo está dicho o hecho o escrito y que las posibilidades de alterar un cierto orden son pocas. Salvo que el orden mismo se altere. En las motos la lluvia renueva las posibilidades, pero la lluvia torrencial reescribe la realidad.


Y no hay ni un solo piloto en el Mundial de MotoGP que se abandone a lo establecido. Llueve y aparecen como lobos los que siempre están por detrás; porque ya sabemos quién tiene las máquinas buenas. En Assen lo hizo Yonny Hernández, que lideró 11 vueltas, hasta que se cayó. Se sumó Petrucci. Llegó Redding. Valentino respondió a sus ataques. Se paró la carrera.

Restart a 12 vueltas. Lideró Valentino. Márquez reaccionó. Llegó Jack Miller. Petrucci rompió. Llegó Redding, de nuevo. Se cayó Rossi y la cámara on board de su M1 dio el plano de su cara, en pleno drama y desesperación intentando volver a arrancar la moto. Se queda tercero, a 42 puntos de Marc.

Miller adelantó a Marc. Era un hoy o nunca para el australiano; arriesgó y ganó. Apenas podía hablar tras la carrera, afónico (¿de gritar dentro del casco?), pero acertó a decir: nadie creía en este proyecto (subió directo de Moto3 a MotoGP), así que gracias, Honda.

Márquez cruzó la línea de meta golpeándose el pecho, eufórico: Se había montado la siguiente película: no voy bien y encima llueve, así que hoy perder pocos puntos será una victoria. Por eso celebraba como si hubiese ganado el Mundial. No sólo no perdió puntos sino que le metió 20 a Rossi y 14 a Jorge, que acabó décimo con todos sus fantasmas subidos a la moto.

Es una competición salvaje y extenuante MotoGP.

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