sábado, 31 de agosto de 2013

Silencio, aviones.


Hubo silencio.

Silencio.

Normalmente alguien llega y lanza un grito de alegría por haber sido el más rápido o por haber conseguido primera línea salida. Gritan, alguien del equipo le devuelve el grito, chocan las manos, se golpean el casco, sonríen... Pero hoy, en ese escenario hubo silencio.

La batalla había sido tan seca, tan en el filo, tan sobrecogedora, que todo lo que quedó fue un silencio para asimilar lo que allí había ocurrido. Silverstone. 31 de Agosto. QP2 MotoGP.

Comencemos por el #35. Por la mañana se cayó dos veces. Las dos destrozó la moto. La primera caída se produjo a 293km/h. Crutchlow impactó contra la hierba, volteó con violencia varias veces y quedó sentado, inmóvil, buscando su respiración. Mientras, su Yamaha daba tumbos y a cada golpe se desintegraba un poco más hasta quedar desguazada. De esta caída le quedó sólo una abrasión en el brazo derecho y un fuerte golpe en la ingle. Volvió a pista con la segunda moto y en un error de pilotaje no tuvo fuerza para reaccionar. Al suelo en una resbalada eterna por el asfalto y la grava. En tres horas el equipo le hizo una moto nueva. Y Crutchlow, como un boxeador crecido con el castigo, pilotó hasta conseguir el tercer mejor tiempo. Fue uno de los cinco pilotos que batió el record de Stoner. Es británico. Está en Silverstone. Se podría haber matado pero está en primera línea de salida.

El #99. Jorge Lorenzo. Como siempre, el primero en el semáforo para abrir la clasificación, para marcar el camino, para meter más bares de presión en la olla, para marcar un crono que haga irrespirable el ambiente. Enseguida marcó record del circuito. Bajó el record de Stoner y por si no había quedado claro repitió otra vuelta perfecta y volvió a reventar su propio tiempo. Entonces llegó Marc Márquez y lo superó. Jorge volvió a la carga y bajó ese registro de Marc. Cuando llegó a su box y miró la pantalla no lo podía creer: Marc lo había vuelto a bajar. “Es difícil de aceptar.”  El Domingo sale sin nadie delante, por el centro de la pista, pero su visión periférica le marcará un color naranja en su costado izquierdo, y si hace foco leerá el número 93.

Marc Márquez: 2.00.691. Dejó ese tiempo y dos imágenes escalofriantes, dos caídas salvadas. En rueda de prensa, explicando lo que hizo en una de ellas (cuando metió el hombro para descolgarse aún más y meter la moto en la curva controlando la derrapada con el gas) Cal Crutchlow, a su lado, hizo el gesto de estar escuchando una marcianada. Luego dijo Marc: “cuando tomas riesgos no sabes si controlas o no.” Y se fue.

La carrera es a las dos de la tarde del Domingo. MotoGP. Volverán los aviones a Silverstone, pero esta vez no llevan la panza cargada de munición. Son aviones que vuelan pegados al suelo por unos milímetros de goma. Suenan como truenos afinados y si pisan el piano de la recta emiten un silbido agudo que te hiere el tímpano. Hoy rodaron tan salvajemente que a su llegada al parque cerrado sólo hubo silencio. De respeto. De admiración. De recogimiento.

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